viernes, 22 de enero de 2016

Aún no he vivido grandes aventuras.

Aún no he vivido grandes aventuras, aunque sí pequeñas y medianas.

No he vivido una gran aventura en moto de meses donde cada día es un reto...

Porque no necesito irme a saltar dunas para sentir una aventura...

Jamás nadie vivirá una aventura como la de dejar la moto porque ya no sabes dónde coño vas ni dónde coño estás, y vivir que la noche está cerrada y con una niebla del demonio y te vas a matar...
Y vivir entonces el meterte por la primera salida de monte que haya en esa carreterucha y acampar improvisadamente.

Despertándote congelado y con escarcha en el pelo y barba...

Y todo eso sin salir de España.

No necesitas irte a la otra punta del mundo para que te asalten las aventuras.
Y nadie vivirá una aventura como esa, porque esa aventura es tuya y nadie puede vivirla como tú la viviste. Porque nadie puede sentir por ti.

La libertad y la seguridad y fuerza que uno siente con algo tan simple como eso.
Es tan absurdo y sin embargo te llena y de algún modo te purifica.
Dormir en el suelo porque es inviable el continuar. Sin saber ni dónde estás y sin móvil.
O el arrastrar la moto kilómetros hasta encontrar una gasolinera.

o perderte y de pronto aparecer en un puerto de montaña. Que no sabes cuál es, ni dónde coño estás. Pero es jodidamente maravilloso lo que se ve desde allí.
Y no lo grabo. Ni me pongo a hacer fotos, Selfies ni movidas así.

Aunque si me gustaría, como dice el artículo, para que los que no puedan viajar, vivan las aventuras a través de mí. Con mis palabras y tratando de explicar lo que se siente cuando te levantas, y te estiras en medio de un bosquezucho por el que pasa una carreterilla que te perdió.
Poder contarles cómo te da los buenos días tu aliento hecho niebla saliendo de tu boca y te quitas las finas capaz de hielo del pelo y te secas el bigote.


El sentimiento de vida. Si es que ese sentimiento existe...
Es hora de coger la primera carretera que me guste y seguirla hasta terminar en el culo del mundo sin saber donde estás y sin querer leer ni un solo letrero, hasta que toque volver.

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