Porque nos obligaron.
Porque desde pequeños nos dieron armas y espadas, escudos, arcos y flechas.
Nos dijeron que los hombres no lloran y qué niño más fuerte. ¡A ver, saca molla!
Y nos chutaron dosis diarias de héroes y de princesas que necesitan ser salvadas. De bandidos que deben ser parados a lomos de nuestro caballo.
Y aprendimos a necesitar esto para vivir.
Los hombres son fuertes, duros y deben salvar el día y a la princesa.
Luchar contra dragones, trepar torres y derrotar a la bruja o a un ejército, no importa.
Todo por la princesa, que nos piensa pagar con un beso y seguramente su mano en matrimonio si eres príncipe o algo así.
(Si cultivas sandías como yo, vete olvidando)
Y aprendimos a ser como ellos.
Muros duros de piedra, duros que solucionan los problemas de los demás en pos de la justicia y por la mano de la princesa.
Así que la idea de nuestra existencia rondaba alrededor de solucionarle los problemas y satisfacer a una princesa todas sus necesidades... porque no podía valerse por si misma...
Solo sabían ser guapas.
Y eso es lo que necesitamos para sentirnos felices y completos.
Aprendimos a valorarnos poco. A costa de lo que otros nos valoren y lo útiles que seamos para los demás.
Y después de no poder tener un caballo para salvar a una princesa en una torre... Te compras una moto.
Te compras una moto y te compras una chupa de cuero.
Y compras gasolina y un sisibar macarra para atar la tienda de campaña y la mochila.
Y te conviertes en uno de los malos de los cuentos. En el bandido.
En el tipo raro que se va a su puta bola, solo, sin que le entienda nadie ni sea útil para nadie.
Y te ven como la escoria cantante y sonante del mundo.
Porque vaya pintas joder.
Esa barba. Esos pelos. Ese casco con calaveras, ese cuero... ese cuero.... :)
Y dejas todo atrás.
Dejas la torre y la princesa dentro. Que se compre un casco y te coja por el camino con la moto.
Dejas atrás al mago malo, el ejército, la espada, la bruja y su puta madre todos juntos.
Te llevas al dragón porque era de Albacete y te pilla de camino y además te invita a una birra si le acercas.
Y te piras a perseguir el sol por el día y a dormir bajo las estrellas por la noche.
A estar hoy aquí y mañana allí.
A sumergirte en las tormentas y luchar contra los elementos.
Por que no hay nada más duro que tú mismo luchando contra los elementos mientras mantienes el equilibrio sobre dos ruedas y dominas a la bestia sobre lluvia, nieve o viento.
Y cuando vuelves a casa... no hay princesa.
Pero qué útil te sientes para ti mismo.
Y tú no quieres una princesa... tu quieres una mujer.
Femenina... pero que sepa más de mecánica que tú.
Para que te repare la moto.
Y tú no quieres una princesa... tu quieres una mujer.
Femenina... pero que sepa más de mecánica que tú.
Para que te repare la moto.